En internet (y afuera también) circula mucho una idea solemne de la literatura: enormes bibliotecas de roble repletas de oscuros y pesados tomos forrados en cuero; también escritores canosos y barbudos, viejos sabios a los que les atribuyen frases, por lo general apócrifas, del más ramplón sentido común.
Yo creo que ese universo de representaciones sólo puede interesarle a alguien que cree que la literatura es algo importante, pero que no se asoma a ella ni de casualidad.
Para mí la literatura es más bien una fiesta. El lugar puede ser cualquiera, incluso uno de esos castillos que acompañan en las redes a las frases motivadoras sobre la lectura. Eso sí, habría que barrer un poco, poner unas buenas luces, música y una nutrida barra de tragos.
Nos movemos por ahí con un gin tonic en la mano y de pronto nos encontramos, por ejemplo, con Edgar Allan Poe y tenemos el privilegio de escucharlo, de ver sus modos, de entrar en la conversación que plantea o de tratar de llevarlo a una conversación que nos interese.
Lo mejor es que en esta fiesta, por más pesados que seamos, Poe nunca se aburre de nosotros. Puede que nosotros sí nos aburramos de él, o sintamos que la conversación con él, al menos por ahora, no da para más. Entonces nos excusamos con algún pretexto y salimos a rondar de nuevo, y ahí están todos: de Homero a Sara Gallardo, de Sor Juana a Borges, de Cervantes a Julia Coria. Están los buenos, los malos, los más o menos, los antiguos, los modernos, los contemporáneos, todos con la misma predisposición a dialogar con nosotros.
Escribir, por su parte, es contribuir a esa fiesta. Por eso, para conocer sus códigos (y decidir si respetarlos o no), pensar cómo ir vestidos, saber qué queremos tomar, dónde está la mesa con los mejores canapés, y con quién conviene hablar antes de que se nos hagan las doce y el taxi se vuelva calabaza, lo mejor es participar, en simultáneo, como lectores.
Te invito, a partir de este viernes, a ir juntos a esa fiesta.
Mientras tanto, a modo de consigna, te propongo que esta semana tomes la fiesta (cualquier fiesta, más o menos metafórica) como escenario de tu texto.
Mucha suerte, y a trabajar
Saludos,
Ariel
